domingo, 20 de julio de 2014

Poema del libro Surcos de Luz



En una plaza porteña

En una plaza porteña
pasé horas, por placer,
mirando niños que juegan 
y ancianos que pude ver 
como pasaban el tiempo 
observando lo que pasa:
el viento mueve las hojas 

los pájaros vuelan y cantan. 

Los changuitos conducidos 
por mujeres que son amas 
que cuando van a la feria 
el vacío los delata. 

Pero cuando vuelve a casa 

van repletos de verduras 
de frutas, huevos, paquetes 
¡Qué tierna está la lechuga! 

Miré una hoja caer
¡Qué festín de pajaritos! 

Si al final hasta pensé
que la tiró un angelito. 


Otros niños son muy chicos 

para jugar en la hamaca 
pero toman aire y sol
en sus sillitas rodadas 


donde madres orgullosas 

lucen sus bellos bebés
y coquetas se pasean
observando si los ves.
Y es plaza bien colorida
con rojos, verdes, naranjas,
distintos tonos azules
y amarillos que resaltan. 


Además se ven pasar 

vehículos en cuatro calles 
son ómnibus, colectivos 
camiones y muchos taxis. 

Si hasta en una de las calles 

vi que gente deja el auto 
y se toma el colectivo 
algún taxi o subterráneo. 

Ahora llegan más niños, 

estos traen una pelota 
son pibes de edad escolar 
y enseguida se acomodan. 

Improvisaron la cancha 

justo cerca de mi banco 
vi arrojar esa pelota 
y al punto sentí el espanto.

Es mejor que me retire 

por lo menos de este banco 
con razón lo vi vacío 
como único, entre tantos. 

Si estaba bien a la sombra 

y en un lugar adecuado. 
Fue entonces que comprendí 
que era ajena en este barrio.


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